Madre e hija: comentado por Luis Chao

Lola Andrade, Madre e hijaMadre e hija. De Casablanca  a Vigo.
Comentado por Luis Chao

El libro cumple con honestidad y valentía en el deber de memoria, decanta sin sesgo testimonios y recuerdos y sabe ser al tiempo justo y compasivo en sus juicios.

La verdad —y en el libro la hay— nunca es fácil ni se deja aprehender con inmediatez. Como advierte la autora, «el descubrimiento de la verdad casi siempre va ligado al paso del tiempo», afirmación que Bernini expresó escultóricamente como alegoría.

La autora de Lo que no se dice, se atreve aquí a romper con ese mandato tácito, sin ofender cuando censura ni halagar en el elogio.

 

Asistimos también sin veladura alguna a la gestación de la obra, a las andanzas de su autora en pos de sus fuentes e informantes a los que cita generosamente.

Todo esto lo plasma en torno a las dos figuras que dan título a la obra, que acaba siendo una auténtica saga familiar en una primera mitad del siglo XX especialmente convulsa.

La autora trenza el relato recurriendo a menudo a la idea del azar y lo verbaliza con una mezcla de lenguaje coloquial, aligerando a veces el rigor gramatical en pro de la cercanía,  y la lengua escrita que alcanza momentos brillantes en determinados pasajes.

La obra de Lola Andrade, por más que hable de vidas y genealogías, no pertenece al género biográfico. Quiero destacar en ella su dimensión novelesca y —buscada o no— catártica, su capacidad para iluminar recuerdos y desencadenar sentimientos y vivencias. Y esa virtud emana de la forma literaria, tanto o más que del propio contenido. Del arte de novelar, en definitiva.

A mi juicio, estos son algunos de los pasajes en los que el talento literario brilla de modo especial:

Las páginas relativas a la presentación en sociedad de Lourdes Butler contienen un hermoso retrato literario inmerso en una escena recreada con una visualidad casi de cine, casi viscontiana.

El accidente, 10 páginas que logran transmitir de forma muy vívida la intensidad del drama, que nos sumerge en él casi sin darnos cuenta. El texto fluye con rapidez como corresponde al vértigo con el que todo ocurrió.

Resulta sobrecogedor —al menos para mí— el modo en el que se nos revela el significado del cuadro que la abuela regala a su nieta con motivo de su boda. Hermoso y terrible a un tiempo.

Hermosas son las líneas que transmiten la emoción de una reconciliación, casi de una confesión, mucho tiempo esperada y tal vez reprimida; e igualmente destacable también el sobrio retrato de caracteres, cuyos rasgos, raíces e incompatibilidad quedan definidos con una adjetivación contenida y respetuosa.

Una obra sobre la muy personal relación de Lourdes Butler con Casablanca, El-Jadida, el lugar de la risa feliz de la infancia, pero también del llanto y de la pérdida. Una contradicción —nos dice la autora— que nunca pudo resolver.

Luis Chao, Profesor de Historia y de Historia del arte en Santiago de Compostela, hoy ya retirado.

2018-10-11T16:22:01+00:0011/10/2018|Categorías: Noticias, Reseñas|Etiquetas: , , |Sin comentarios

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