Último tren a Treblinka

Último tren a TreblinkaVarsovia, 5 de agosto de 1942. Las calles de la ciudad polaca, a la sazón capital universal de la infamia, fueron ese día escenario de una extraña comitiva. No porque los desplazamientos masivos del gueto a los campos de la muerte, fueran por entonces algo inhabitual; su destino eran los campos de exterminio de Treblinka y, en menor medida, Majdanek. La peculiaridad del grupo al que aludimos consistía en que lo integraban más de doscientos niños huérfanos que, acompañados por los responsables del orfanato, recorrían las calles convencidos de iniciar sus vacaciones estivales en el campo. Al frente de la fatídica expedición, el doctor Janusz Korczak, responsable de la institución, llevaba en sus brazos a uno de los pequeños y mantenía la ficción vacacional, haciendo que los huérfanos entonasen canciones mientras se encaminaban a una muerte ignominiosa. No le faltaron a Korczak, médico y pedagogo, oportunidades de salvar su vida, evitando la deportación. Las desechó una tras otra; incluso en los momentos finales, cuando un comandante nazi se acerca a él para recordarle que no había motivo para que compartiese el destino de los niños, la réplica es contundente: «¡Fuera de aquí, hijo de perra, no nos moleste!… ¿Acaso no ve con qué alegría los niños judíos van al encuentro de la muerte?»

Esta historia es relatada por Antonio Pombo Sánchez en en su apasionante biografía de Janusz Korczak, La derrota de la razón, Janusz Korczak: médico, educador y mártir, publicada en nuestro sello Xoroi edicions.

En las primeras semanas de 2017, la compañía de teatro vasca Vaivén Producciones presentó la obra Último tren a Treblinka en la que se representan las últimas horas de la experiencia pedagógica vivida en el orfanato judío de Janusz Korczak y su colaboradora Stefania Wilczynska, dentro del gueto de Varsovia. Según lo explican en su dossier, la obra es un homenaje a estas víctimas y un recuerdo a Janusz Korczak, ese ser excepcional que luchó hasta la muerte por dignificar la vida de los niños; pero también una denuncia que señale con dedo acusador cómo todavía hoy, la mayor parte de los pobres del mundo son niños, y la mayor parte de los niños son pobres.

La obra fue dirigida por Mireia Gabilondo, sobre idea origial y argumento de Ana Pimenta y Fernando Bernués y texto de Patxo Telleria.

En la fundamentación de su proyecto expresan que:

Es tal la fascinante personalidad de Janusz Korczak, ese hombre poliédrico, y tan rompedoras las ideas pedagógicas que concibió, que aún sin haber protagonizado ese épico final su figura merecería nuestra atención. Es su vida, y no su muerte lo que nos parece fascinante, porque siendo difícil morir por una idea, lo verdaderamente heroico es vivir por una idea, hora tras hora, día tras día. Y su idea, su pasión y su obsesión fue la infancia. Nadie hasta entonces había visto a los niños con los ojos de Janusz Korczak, no como los hombres y mujeres del mañana, sino como personas con derechos a quienes se debe, antes de nada, respetar. Respeto al niño; Respeto por su ignorancia; Respeto por su laboriosa búsqueda de saber; Respeto a sus fracasos y sus lágrimas. Respeto por los minutos del tiempo presente. Respeto por cada momento que pasa.

Último tren a Treblinka

Janusz Korczak rechazó siempre las loas por su sacrificada labor. Él no sentía tal «sacrificio», la labor de toda su vida fue consecuencia directa del amor que sentía por los niños: «No me sacrifico por los niños, lo hago por mí mismo. Soy yo el que les necesita». Janusz Korczak confiesa haber pedido, de joven, a un Dios en el que apenas creía, que le concediera una vida hermosa y difícil. La tuvo. Igual de hermosa y difícil que su propia muerte. Tenemos una maravillosa historia que contar, la de Janusz Korczak con sus pupilos y sus huérfanos al que queremos recordar como memoria de lo que no puede volver a ocurrir, al que queremos homenajear porque en esos acontecimientos que rodean su historia se manifiesta lo más oscuro y lo más luminoso del alma humana, como si no pudieran existir lo uno sin lo otro. Y no fue su inmolación lo más heroico de su vida, aun siéndolo mucho, sino su vida día a día. Janusz Korczak decía que «lo más fácil es morir por una idea, como en una película, lo difícil es vivir por una idea día tras día».

Naturalmente nos fascina que alguien sobre el que tuvo que primar el instinto de supervivencia, como sobre cualquier ser humano, lo venciera por amor y coherencia. Pero su verdadera hazaña fue la lucha por la transformación de su entorno, su entrega a los más frágiles, y a los más frágiles de entre ellos, «los locos bajitos» y lo que peleó para mejorar sus condiciones y dignificar sus vidas.

Y esto enlaza con otro de los objetivos del proyecto: dar a conocer algo de su legado pedagógico, humano y social como lo han hecho las corrientes pedagógicas más modernas que han estudiado a fondo sus prácticas autogestionarias y las han aplicado. Sabemos también que en base a los planteamientos de Janusz Korczak se elaboró la Convención de los Derechos de los Niños (Ginebra 1959) que en sí misma es encomiable por lo que supuso de reconocimiento a los derechos de la infancia; un logro sobre todo para nuestro primer mundo. Pero también sabemos que con respecto a la infancia, desgraciadamente, queda mucho por hacer. Queremos así mismo que nuestra obra denuncie esa situación, no del pasado sino del hoy, que sirva como revulsivo y como dedo acusador a una sociedad hipócrita que permite y alienta que eso siga ocurriendo; «estamos enfermos de muchos errores y de otras tantas culpas, pero nuestro grave delito se llama abandono de la infancia; descuido de la fuente de la vida. Muchas cosas que necesitamos pueden esperar, el Niño no. A él no se le puede responder Mañana. Él se llama Ahora».

Último tren a Treblinka

Queremos también reivindicar la universalidad de ese Janusz Korczak que fue judío y polaco, circunstancias coyunturales que determinaron su vida y su muerte, pero sobre todo fue un ser excepcional, adelantado a su tiempo; que puso todas sus energías, su conocimiento y su férrea voluntad al servicio de las víctimas más expuestas de los conflictos, los niños. «Compartió con los niños todas las horas del día y de la noche. Fue el médico, el limpiabotas, el contador de cuentos, el compañero de juegos, el bibliotecario, el tutor sentimental, el levantador de mesas, el fiscal de la Asamblea de Justicia, el editorialista de la Gaceta, el flautista, el actor, el payaso, el pelador de patatas, el luchador que conseguía el dinero para la subsistencia. Conocía sus secretos, sus vergüenzas, sus ilusiones, y cuando era posible oír el silencio del orfelinato, cumplía su última tarea: controlar la respiración de los niños dormidos».

Os invitamos a ver un resumen de la grabación del espectáculo Último tren a Treblinka, dirigido por MIreia Gabilondo y producido por Vaivén Producciones.

2018-12-13T11:36:51+00:0013/12/2018|Categorías: Noticias|Etiquetas: , , , , |Sin comentarios

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